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El discurso con que Nuestro Señor inaugura su predicación, llamado Sermón de la montaña, empieza por la enunciación de las Bienaventuranzas. El Maestro enseña allí cómo debemos ser los cristianos. El Evangelio ha de sustituir el egoísmo por la caridad que santifica. La perfección no consiste tan sólo en la exactitud en el cumplimiento de todos nuestros deberes, sino en el amor que pongamos en nuestras obras, es decir, dependerá de la intención que tengamos al obrar. Jesús toma como ejemplo para explicárnoslo tres «obras de justicia», con lo cual entendemos, obras que «justifican» al hombre conforme al juicio de Dios: la limosna, la oración y el ayuno. El pueblo judío las observaba desde hacía siglos, y así pasaron con toda naturalidad a las costumbres del pueblo cristiano. Y cada año la Iglesia nos recuerda su obligatoriedad durante la Cuaresma.

Como señalamos anteriormente lo que califica una acción es la intención del agente y cabe señalar que Jesús nos enseña cuáles son las únicas disposiciones gratas a Dios: «…en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará»

«Que tu limosna sea oculta. Ora a tu Padre, que está en lo secreto. Cuando ayunes… que no vean los hombres que ayunas, sino tu Padre , que está en lo secreto»

Podríamos preguntarnos si no debe ser nuestro cristianismo un testimonio; y a esto respondemos que vivir como cristianos es, en cualquier circunstancia, profesar nuestra fe. Y aunque esto no fuera un deber, el verdadero fiel necesitaría hacer compartir a los demás sus convicciones y entusiasmo. Es mejor que miremos a nuestro modelo: Jesús fue un silencioso.

Y para iluminar a los demás, Jesús no cuenta con nuestras ostentaciones sino con nuestra vida interior. El apostolado no es una actitud, sino una irradiación, la irradiación de una llamada interior.

No es necesario que hagamos ruido y que nos vean por todas partes , ni que se hable de nosotros. Allá donde Dios nos haya situado, en nuestro hogar, entre los múltiples trabajos cotidianos, en nuestro despacho, en el trabajo, en la cocina, en la «oscuridad» de nuestras jornadas, en lo secreto, como ya hemos escrito, podemos glorificar a Dios y servir a nuestros hermanos, lo cual es vivir como cristianos.

LIMOSNA.
«Cuando des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha»

(Mt 6, 2-3)

Etimológicamente, la limosna designa un sentimiento de compasión y el ímpetu que nos lleva a aliviar a todo el que tiene una pena. Desde la parábola del buen samaritano, un discípulo de Cristo no puede pasar indiferente al lado de un hombre que sufre.

Como dijimos, el valor de nuestras acciones reside en la intención que nos mueve a obrar. Es notable que Jesús tilde de hipócrita a esa gente religiosa que realiza obras buenas para ser vistas por los hombres. Podríamos calificar de hipócrita a aquel que desempeña un papel y lleva una máscara. San Agusín decía: «…Cuanto menos tengamos obligación de dar algo a alguien, más desinteresado será nuestro afecto. Lo que tenemos que querer para el que amamos es que sea nuestro igual.»

El Evangelio extendió la exigencia de la caridad hasta querer y hacer a los demás el bien que deseamos para nosotros mismos.

San Gregorio Magno nos dice: «Quien distribuye sus bienes temporales no abandona más que las cosas exteriores a él, pero quien da su compasión al prójimo le da algo de sí mismo.»

La caridad limosnera no consiste sólo en aliviar la desgracia ajena, sino ante todo, en compartir su sufrimiento. Para el cristiano, la caridad comienza a partir del momento en que se priva o se empobrece por los demás. Por eso el Padre celestial es el único que lo ve, allá en lo secreto.

La limosna cristiana es el encuentro de dos manos que se tienden una hacia otra, la mano de dos hermanos que se juntan, el más emocionado y el más dichoso de los cuales no es el que recibe, sino el que da más que un deber es una necesidad de nuestro corazón con respecto a los que sufren.

En efecto, ¿puedo pensar fríamente que existen cerca de mí unos seres humanos, honrados y trabajadores como yo, hijos de Dios como yo, y que no están seguros del mañana, o que hoy están pasando hambre? ¿Que hay cerca de mí familias enteras amontonadas en cuchitriles indignos, imposibles de mantener limpios, y que ven llegar aterrados el final de cada mes; que hay niños que no pueden crecer, madres que no pueden criarlos, ancianos que acaban en la indigencia una vida laboriosa? ¿Por qué ellos y no yo? Hay hombres como yo, que trabajan para procurarme el alimento, el vestido, todo lo que me hace falta. ¿Voy a limitarme a acusar los defectos de la sociedad y de los poderes públicos, cuando puedo, por poco que sea, aliviar su sufrimiento y su inquietud?

Hay cerca de nosotros seres enfermos que han perdido toda esperanza de curación. ¡Y no va a oprimirse nuesro corazón ante este pensamiento!

Cerca de nosotros hay hogares rotos, seres traicionados y abandonados, que maldicen una vida demasiado cruel…

Ni nuestra conciencia ni nuestro corazón podrán estar tranquilos en tanto no hayamos participado en su desgracia, en tanto no les hayamos dado una parte de la dicha de que gozamos. Y cualquiera que sea la manera como nuestra compasión se manifieste: don material, don de nuestro tiempo, don de nuestra amistad, todas esas formas de la limosna cristiana serán una obra de justicia fraterna.

La suma de dolores que caen sobre tantos de nuestro semejante, acaba uno por asombrarse de ser dichoso y casi por reprochárselo

ORACIÓN

Después de exhortar a la práctica de la ayuda fraterna, Nuestro Señor aborda el tema de la oración, y lo presenta bajo el mismo aspecto: «…Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en pie en las sinagogas y en los cantones de las plazas, para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya recibieron su recompensa.» (Mt. 6, 6)

A sus ojos el valor de la oración , como el de la limosna , depende ante todo de su espontaneidad. No se ora en cumplimiento de órdenes, porque sea la hora; se ora porque se ama, para encontrar a Dios, que es Amor.

El cristiano no ora sólo para llamar a Dios en su socorro, sino que, ante todo, tiene necesidad de expresar a Dios su alabanza, su admiración, su reconocimiento, de actualizar su orgullo y su alegría, de estarle unido. Querrá así orar con la mayor frecuencia posible, en medio de sus ocupaciones.

Nuestro trabajo puede ser un modo de glorificar a Dios, si se lo ofrecemos de una manera explícita. Sin embargo, la oración, para merecer este nombre, supone un breve alto durante el cual, como escribe Santiago, os acercáis a Dios, y Él se acerca a vosotros. Y de hecho los cristianos que piensan a menudo en Dios durante la jornada son los que consagran cada día algún tiempo a la oración propiamente dicha.

Podríamos hacer una comparación: el equivalente para el alma de lo que las comidas son para el cuerpo son los momentos consagrados positiva y exclusivamente a la oración.

«Tú cuando ores…» Jesús nos deja total libertad en lo que se refiere a la cantidad, la duración y el horario de nuestras oraciones, con tal que oremos cada día. No habré de orar «porque sea la hora», pero como la oración es para mí tanto un deber como una necesidad, le reservaré libremente en mi jornada determinados momentos.

Encontramos a Dios en el secreto de la oración y es, primero, para adorarlo, darle gracias e implorar su perdón. Pero al mismo tiempo que nosotros nos abrimos a Él, Dios se revela a nosotros; responde a nuestras invocaciones y nos pide que acojamos las suyas. La oración nos hace entrar así en su pensamiento y nos permite exponerle filialmente nuestras necesidades. Y cabe señalar que nuestra oración ha de ser confiada, sabiendo que nuestro Padre conoce todas nuestra necesidades y que vendrá en nuestra ayuda.

«Qué padre entre vosotros , decía Jesús, si el hijo le pide un pan le dará una piedra?¿O si le pide un pez le dará en vez de un pez una serpiente?. Si vosotros, pues siendo malos, sabéis dar cosa buenas a vuestros hijos, ¿cúanto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden» (Lc. 11, 11-13)

AYUNO
«Cuando ayunéis no aparezcáis tristes» (Mt. 6, 16)

El Maestro quiere que la vida de sus discípulos esté centrada sobre Dios solo, en el secreto de su alma, sin otra intención que la de glorificarlo por su obediencia. El Padre que ve en lo secreto ha de ser el único testigo de sus renunciamientos. Y Jesús toma como ejemplo el ejercicio del ayuno.

A diferencia de la oración el ayuno no es un fin en sí , sino tan solo un medio. El valor de las privaciones corporales depende de esa penitencia interior, de la cual son la expresión y que sólo Dios conoce.

La práctica del ayuno se encuentra en la mayoría de las religiones de la antigûedad. Se enlaza con la idea general de sacrificio, por la cual el hombre atestigua que reconoce la soberanía de Dios. Todo lo que posee viene de El. Y debe darle gracias por ello. Se privará con este fin del fruto de su trabajo y llevará al altar las primicias de sus cosechas, o bien inmolará el cordero más hermoso de su rebaño. Pero de todos los bienes que Dios le ha colmado, el más preciado es el de su propia vida. Es evidente que el hombre no ha de aniquilarla, pero absteniéndose de los alimentos confiesa que Dios es el único dueño de su vida y que él vuelve a ponerla entre sus manos.

El hombre pecador manifiesta sensiblemente el arrepentimiento de sus culpas.

¿Comer y beber? No se tienen ganas de hacerlo cuando se está con pena. Del mismo modo cuando nos percatamos de que nuestros pecados son negativas de amor, debemos estar sinceramente afligidos de haber respondido tan mal a la bondad del Padre que nos habla.

No parece que ningún ayuno fuera instituido por los Apóstoles. Sin embargo, vemos que recurrieron a él en graves circunstancias, como para volverse más dóciles a la acción del Espíritu Santo.

Molestarse por los demás sin que éstos se den cuenta. No estar del todo bien para que ellos estén un poco mejor. Pero eso en el secreto. Que sólo Dios lo sepa. Y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

¿Cuál es el fundamento de todo esto? Una frase de Nuestro Señor nos iluminará: «Mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en Mí no lleve fruto, lo cortará; y todo el que de fruto, lo podará para que de más fruto.»

La mortificación puede aparecer a una mirada superficial como una medida relativa, como un esfuerzo inútil; pero en realidad contribuye al mejoramiento de nuestra vida espiritual.

Dic-13-09

Todo…por el Amor a Dios

posted by fernando

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El Hermano Lorenzo me dijo en otra plática sostenida con el en 1666 que él siempre había sido gobernado por el amor, sin actitudes egoístas. Y desde que resolvió hacer del amor de Dios el fin de todas sus acciones, había encontrado razones para estar muy satisfecho con su método. También estaba contento cuando podía levantar una pajita del suelo por amora Dios, buscándole sólo a Él, y nada más que a Él, ni siquiera buscando sus favores.

Durante mucho tiempo había estado afligido mentalmente por creer que sería condenado. Ni todos los hombres del mundo podrían haberlo persuadido de lo contrario. Finalmente razonó consigo mismo de esta manera:
Yo no me involucré en la vida religiosa excepto por amor a Dios, y me he esforzado para hacer sólo para Él todo lo que hago. Sea lo que sea de mí, esté perdido o salvado, siempre seguiré obrando puramente por amor a Dios. Por lo menos tendré este bien, que hasta la muerte habré hecho todo lo posible para amarlo.

Durante cuatro años había estado con esta angustia mental; y durante ese tiempo había sufrido mucho. Sin embargo, desde aquel tiempo había vivido en una libertad perfecta y una continua alegría. Puso sus pecados delante de Dios, tal como eran, para decirle que no merecía sus favores, pero que sabía que Dios continuaría otorgándole sus favores abundantemente.

El Hermano Lorenzo dijo que a fin de formar el hábito de conversar con Dios continuamente y de mencionarle todo lo que hacemos, al principio debemos dedicarnos a Él con cierto esfuerzo: pero que después de ocuparnos un poco de eso deberíamos encontrar que su amor nos mueve a hacerlo internamente sin ninguna dificultad.

Él esperaba que después de los días agradables que Dios le había concedido, tendría un tiempo de dolor y sufrimiento. Aunque él no estaba inquieto por esto, sabiendo muy bien que no podía hacer nada por sí mismo, Dios no fallaría en darle la fuerza para soportarlos.

Cuando se le presentaba la ocasión de practicar alguna obra bondadosa, se dirigía a
Dios, diciendo: “Señor, no puedo hacer esto a menos que me capacites”. Y entonces recibía fuerzas más que suficientes.

Cuando había fallado en su deber, solamente confesaba su falta diciéndole a Dios: “Jamás podría obrar de otra manera si me dejaras librado a mis propias fuerzas. Eres tú quien debe impedir mi caída, y arreglar lo que está mal”. Después de la confesión, ya no sentía ninguna inquietud acerca de lo hecho.

El Hermano Lorenzo decía que, con respecto a Dios, debemos obrar con la más grande de las simplicidades, hablando con Él franca y claramente, e implorando su ayuda en todos nuestros asuntos. Dios nunca había fallado en concederle su ayuda, y el Hermano Lorenzo lo había experimentado frecuentemente.

Encontró que el camino más corto para ir directamente a Dios era ejercitando el amor continuamente por medio de un continuo ejercicio del amor y haciendo todas las cosas por amor a Él. Notó que había una gran diferencia entre los actos del intelecto y los de la voluntad.

Los actos del intelecto eran comparativamente de poco valor. Los actos de la voluntad eran todos importantes. Nuestro único deber es amar a Dios y deleitarnos en Él.

El Hermano Lorenzo dijo que los mayores dolores o placeres de este mundo no podían
compararse con los que él había experimentado en ese estado espiritual. Como resultado de todo eso, solamente deseaba una cosa: no ofender a Dios.

El resumen de todo en ser gobernado por el Amor.

Fuente: Tomado de La Practica de la Presencia de Dios . Hno Lorenzo, renuevodeplenitud.com

Dic-2-09

Oraciones Familiares:Por la Paz en la familia

posted by fernando

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Señor, Dios nuestro,
tu nos has elegido
paras ser tus santos
y tus predilectos.
Revístenos de sentimientos
de misericordia
de bondad, de humildad,
de dulzura, de paciencia.

Ayúdanos a comprendernos mutuamente cuando tenemos algún motivo de queja
lo mismo que tú Señor,
nos has perdonado.

Sobre todo, danos esa caridad,
que es vínculo de perfección.
Que la paz de Cristo
brille en nuestros corazones.

Esa paz que debe reinar
en la unidad de
tu cuerpo místico.
Que todo cuando hagamos
en palabras o en obras
sea en nombre del Señor Jesús
por quien sean dadas las gracias
a ti Dios Padre y Señor Nuestro
Amén.

Dic-2-09

Cultivar la FE en la familia

posted by fernando

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Cada familia cristiana es una “comunidad de vida y de amor” que recibe la misión “de custodiar, revelar y comunicar el amor, como reflejo vivo y participación real del amor de Dios por la humanidad y del amor de Cristo Señor por la Iglesia su esposa” (Juan Pablo II, “Familiaris Consortio” n. 17). Es una comunidad que busca vivir según el Evangelio, que vibra con la Iglesia, que reza, que ama.

Para vivir el amor hace falta fundarlo todo en la experiencia de Cristo, en la vida de la Iglesia, en la fe y la esperanza que nos sostienen como católicos.

En estas líneas queremos reflexionar especialmente sobre la responsabilidad que tienen los padres en el cultivo de la fe en la propia familia. No sólo respecto de los hijos, sino como pareja, pueden ayudarse cada día a conocer, vivir y transmitir la fe que madura en el amor y lleva a la esperanza.

Entre los muchos caminos que existen para cultivar la fe en familia, nos fijamos ahora en los siguientes que nos pueden ser de mucha utilidad:

1. La oración en familia

La oración es para cualquier bautizado lo que es el aire para los seres humanos: algo imprescindible.

Aprender a rezar toca a todos: a los padres, en las distintas etapas de su maduración interior; a los hijos, desde pequeños y cuando poco a poco entran en el mundo de los adultos.

La oración en la vida familiar tiene diversas formas. El día inicia con breves oraciones por la mañana. Por ejemplo, los padres pueden levantar a sus hijos con una pequeña jaculatoria; o, después de asearse o antes del desayuno, todos rezan juntos una pequeña oración (el Padrenuestro, el Ave María, parte de un Salmo o del Magnificat, etc.).

Otras plegarias surgen de modo espontáneo, según las necesidades de cada día. La familia reza por el examen de selectividad, por la situación de la fábrica donde trabaja papá o mamá, por las lluvias, por el eterno descanso del abuelo…

La hora de comer permite un momento de gratitud y de unión en la familia. ¡Qué hermoso es ver que todos, junto a la mesa, rezan! Algunos hogares recitan el Padrenuestro; en otros, los padres y los hijos se turnan para dirigir una oración espontánea antes de tomar los alimentos.

Otro momento de oración consiste en el rezo del Ángelus (se puede rezar hasta tres veces en la jornada, o si se prefiere al menos a medio día) y del Rosario.

Para los niños (y para algunos adultos también), a veces el Rosario resulta un poco aburrido. Los padres pueden ayudar a los hijos a descubrir la belleza de esta sencilla oración, quizá enseñándoles a rezar primero un solo misterio, luego dos, etc., y explicando el sentido de esta hermosa plegaria dirigida a la Madre de Dios y Madre de la Iglesia.

Cuando llega la noche, la familia busca un momento para dar gracias por el día transcurrido, para pedir perdón por las posibles faltas, para suplicar la ayuda que necesitan los de casa y los de fuera, los cercanos y los lejanos. Es muy hermoso, en ese sentido, aprender a rezar por las víctimas de las guerras, por las personas que pasan hambre, por los que viven sin esperanza y sin Dios.

La oración constante ha permitido a la familia, chicos y grandes, descubrir que la jornada, desde que amanece hasta la hora de dormir, tiene sentido desde Dios y hacia Dios. Todo ello prepara a vivir a fondo los momentos más importantes para todo católico: los Sacramentos.

2.- Participar juntos del Sacramento de la Eucaristía .

La Eucaristía es el centro de la vida cristiana, también debe serlo en el hogar. La familia necesita descubrir la belleza del domingo, la maravilla de la Misa, la importancia de la escucha de la Palabra, la participación consciente y activa en los ritos.

Participar juntos, como familia, en la misa del domingo es una tradición que vale la pena conservar. También cuando los hijos son pequeños. Los padres pueden enseñarles, poco a poco, el sentido de cada rito, las posturas que hay que adoptar, el respeto que merece la Casa de Dios. Son cosas que luego quedan grabadas en los corazones para toda la vida.

3.- Vivir intensamente todos los miembros de la familia el sacramento de la Reconciliación (la confesión).
Los niños quedan muy impresionados cuando ven a sus padres pedir perdón, de rodillas, en un confesionario. No es correcto, desde luego, recurrir a presiones para que se confiesen. Pero sí es hermoso enseñarles lo que es el pecado, lo grande que es la misericordia divina, y cómo la Iglesia pide que nos confesemos con frecuencia.

4. Vivir el Evangelio en familia

Una fe sin obras, nos recuerda la Carta de Santiago, es estéril (cf. Sant 2,20). No entra en el Reino de los cielos el que dice “Señor, Señor”, sino el que cumple la Voluntad del Padre (cf. Mt 7,21).

La familia que reza, la familia que estudia su fe, también sabe vivir aquello que ha llevado a la oración, busca aplicar lo que ha conocido gracias a la bondad del Padre que nos ha hablado en su Hijo.

La mejor escuela para vivir como cristianos es la familia.
Para concretar un poco más cómo vivir evangélicamente, enumeremos algunos ámbitos en los que la familia se hace educadora en el arte de actuar como cristianos auténticos.

El primer ámbito, desde luego, es el de la propia familia. Vivir el Evangelio implica crear un clima en el hogar en el que se lleva a la práctica el principal mandamiento: la caridad. El amor debe ser el criterio para todo y para todos.

Aprenderán entonces a dar gracias, a ayudar al necesitado, a compartir sus objetos personales, a escuchar a quien desea hablar, a dar un consejo a quien tenga dudas (de matemáticas o de fe…).

No hay verdadera vida cristiana allí donde no hay abnegación. Hay vida cristiana allí donde cada uno renuncia al propio “yo”, cuando aprende a desapegarse de lo material para abrirse confiadamente a la providencia del Padre de los cielos (cf. el texto que ya citamos de Mt 6,24-34).

Aprender lo anterior resulta clave para lograr una familia auténticamente cristiana. ¿De qué manera puede conocer un hijo cómo se vive el Evangelio si ve en sus padres rencillas, malas palabras, afición por el dinero, críticas continuas a otros familiares o conocidos? Al revés, el hogar en el que Cristo ha entrado realmente en los corazones se convierte en un continuo testimonio de aquella caridad que nos plasmó el Espíritu Santo en 1Cor 13.

Un “capítulo” que resulta no fácil se refiere a modos de comportarse y de vestir, a diversiones, a objetos de uso. La sociedad crea necesidades y los hijos sienten una presión enorme que les hace desear lo que tienen otros y hacer lo que “todos hacen”.

El segundo ámbito para vivir evangélicamente surge cuando la familia se abre a los demás. Tratamos con personas muy distintas en las mil encrucijadas de la vida. El corazón que aprende a vivir como cristiano descubre en cada uno la presencia del Amor del Padre, el deseo de Cristo de acogerlo en el número de los amigos, la acción del Espíritu Santo que susurra en los corazones y que los guía hacia la Verdad completa.

Esta actitud se plasma en actos concretos, que van desde el “enseñar al que no sabe” (las obras de misericordia espirituales) hasta el “visitar y cuidar a los enfermos” (las obras de misericordia corporales).

Es muy hermoso, en ese sentido, descubrir a familias que se convierten en “misioneras”. Saben comunicar, con su testimonio y con palabras oportunas, que Dios ama a todos, que Cristo ofrece la Salvación, que la Iglesia es la barca regalada por Dios para acometer la travesía que nos lleva a la Patria eterna.

ORACIÓN:

“Padre Santo, los hijos que han nacido de nuestro amor existen porque Tú los amas desde toda la eternidad. Enséñanos a cuidarlos siempre con cariño exigente y con exigencia cariñosa. Danos luz y consejo para que podamos transmitirles las palabras de tu Hijo. Ayúdales a vivir según tu Amor. Protégelos de los peligros del mundo. Sobre todo, permítenos ser, como esposos y como padres, ejemplos limpios y alegres de tu bondad y de tu misericordia. Para que así, algún día, podamos cantar tu gloria, todos juntos, como familia, en el lugar que Cristo nos ha preparado en el cielo. Amén”.

Fuente: aciprensa.com

Sep-11-09

Oración por santificación de sacerdotes

posted by hector

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La Arquidiócesis de San José en Costa Rica celebra desde el 6 de septiembre la semana de oración por santificación de sacerdotes, como parte de las actividades por el Año Sacerdotal, decretado por el Papa Benedicto XVI.

Se realizará este jueves 10 de septiembre en todas las parroquias y en las comunidades religiosas de la Arquidiócesis una hora santa de oración por santificación de sacerdotes

El Vicario Episcopal para la Vida del Clero, P. Eliécer Figueroa, recordó al respecto la importancia de presentarle a Jesús Eucaristía nuestras fervientes súplicas, rezando por la santificación de los sacerdotes pero también, con mucha intensidad, por la perseverancia de aquellos que están viviendo un camino de formación en el seminario.

Durante el fin de semana, en la Misa celebrada en todas las parroquias, se realizará una colecta especial por las necesidades del seminario.

Fuente: aciprensa.com

Jun-11-09

Oración de Alabanzas

posted by hector

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El don de la oración es uno de los regalos más hermosos que Dios ha hecho a los hombres.

 Es el encuentro del manantial de agua viva de Dios con la sed del hombre. Orar es comunicarnos con él, dialogar, hablarle, es mucho más que repetir cosas. No se trata de mover la boca sino el corazón, es permanecer en comunión con Dios, pertenecerle.

El don de la oración es uno de los regalos más hermosos que Dios ha hecho a los hombres. Es el encuentro del manantial de agua viva de Dios con la sed del hombre. Orar es comunicarnos con él, dialogar, hablarle, es mucho más que repetir cosas. No se trata de mover la boca sino el corazón, es permanecer en comunión con Dios, pertenecerle. La oración del hombre es siempre respuesta a Dios que “nos amó primero” (1º Jn 4,10). Suya es la iniciativa y a nosotros nos corresponde responder a su llamado. Algunas personas le dedican a la oración poco tiempo o nada, algunos pueden pasar semanas y hasta meses sin hacerlo.

Otros en cambio van descubriendo la riqueza del diálogo íntimo y profundo con Dios. Generalmente las primeras experiencias de oración son peticiones, ¿Quién en sus primeros años no le ha rezado al ángel de la guarda? ¿Acaso no hemos aprendido a rezar pidiendo al niño Jesús que cuide a Mamá y a Papá?. Más tarde con el Padrenuestro aprendimos a pedir el pan de cada día. La oración de petición es un primer paso. No está mal pedir, al contrario, el mismo Jesús nos dijo que lo hagamos: “Pidan y se les dará, busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá” (Mt 7,7). Y hasta nos dijo como hacerlo: “Todo lo que pidan con fe, lo alcanzarán” (Mt 21,22); “Cuando pidan algo en la oración, crean que ya lo tienen y lo conseguirán” (Mc 11,24). “Hasta ahora no han pedido nada en mi nombre. Pidan y recibirán, y tendrán una alegría que será perfecta” (Jn 16,24). ¿Qué será lo que podemos pedir que hará que nuestra alegría sea perfecta?.

Ciertamente podemos pedirlo todo: “Pidan lo que quieran y lo obtendrán” (Jn 15,7). Pero ¿Qué es lo que más nos conviene?: La respuesta la encontramos en el evangelio según San Lucas: “Si ustedes, que son malos, saben dar cosa buenas a sus hijos, cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan” (Lc 11,13). Como ya dijimos pedir no esta mal, lo malo es vivir pidiendo y convertir nuestra oración en un listado de necesidades. Además hay que saber pedir, si el mismo Jesús nos ha enseñado a pedir el Espíritu Santo ¿porqué conformarnos con menos? Pero más perfecta que la petición es la acción de gracias. Debemos dar gracias por todo y en todo momento. Por los dones recibidos, y hasta por lo que no entendemos. San Pablo nos recomienda: “Estén siempre alegres. Oren sin cesar. Den gracias a Dios en toda ocasión: esto es lo que Dios quiere de ustedes” (1º Tes 5, 16-18). Jesús mismo, con su oración nos enseñó a dar gracias. Frente a la tumba de Lázaro mandó quitar la piedra y levantando los ojos al cielo dijo: “Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que siempre me escuchas” (Jn 11,41-42). Pero aún mejor que la acción de gracias es la alabanza. Cada vez que pedimos o damos gracias lo hacemos por “algo de nuestro interés”; la alabanza en cambio es una oración más perfecta y gratuita: alabamos y bendecimos a Dios porque es Dios y merece nuestra alabanza, porque él es el creador y nosotros sus criaturas. Alabar en reconocer el reinado, la soberanía y el poder de Dios sobre nuestras vidas y sobre toda la creación. No es un reconocimiento por lo que él hace sino por lo que él es. El salmo 22 dice: “Tu habitas en las alabanzas de tu pueblo” (Sal 22,4). Imaginemos el poder de nuestra alabanza que hace a Dios “habitar” entre nosotros. Con razón dice la Palabra: “Su alabanza estará siempre en mis labios ” (Sal 34,2). La alabanza no es una tarea más de los creyentes, por el contrario es un deber de justicia y un privilegio. El Salmo 66 nos invita: “Hagan oír bien alto su alabanza” (Sal 66,8). La alabanza es y será siempre la fortaleza del hombre y la debilidad de Dios.

D.r.a

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Un grupo de oración de Familia, Evangelio y Vida es un encuentro de cristianos que se reunen regularmente para una oración comunitaria suscitada y dirigida por el Espí­ritu Santo. “De igual manera el Espi­ritu viene en ayuda de nuestra flaqueza, pues nosotros no sabemos pedir como conviene, más el Espí­ritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables. Y el que escruta los corazones conoce cual es la aspiración del Espíritu y su intercesión a favor de los santos es según Dios”. (Rom. 8, 26-27).

Cualquier tipo de espiritualidad de la Iglesia Católica puede utilizarse en los grupos de oración Familia, Evangelio y Vida. No obstante, antes de iniciar la creación de un grupo, sus impulsores deben ponerse de acuerdo en que espiritualidad se va a utilizar. Por ejemplo, pueden crearse grupos:

- Adoración:Con exposición mayor o menor del Santí­simo, cantando algunos cantos adecuados, haciendo silencios prolongados; meditando una palabra de la Biblia y presentando al Señor las intenciones generales y particulares por las cuales intercedemos.

- Alabanza: En  este tipo de grupos se suelen intercalar los cantos con la alabanza espontánea de todos los presentes a Dios. Se empieza con cantos rítmicos que predispongan el corazón a la alabanza. “El sacrificio de alabanza” enciende los corazones. “Ofreced vuestros cuerpos como un sacrificio vivo” (Rom. 12, 1). Hay que someter la voluntad al sacrificio de alabanza y la mente al Espí­ritu. Juan Pablo II decada en Nueva Evangelización 2000 “cantad con voz fuerte. Las voces fuertes indican un espíritu fuerte”. Puede haber un canto de invocación al Espíritu Santo y luego cantos más suaves de recogimiento, adoración y silencio. También se puede compartir la Palabra de Dios por parte de alguno de los asistentes durante unos minutos, pero la meditación debe hablar al corazón y no a la cabeza. Si tiene que hablar a la cabeza que sea fuera del grupo de oración, en una reunión aparte. También se intercede por las intenciones generales y particulares.

- Marianos: Puede hacerse un grupo basado en oraciones marianas, que se hagan de forma preparada y meditada para llevar a los asistentes a tomar conciencia de la interpelación que les hace el Evangelio a través de la Virgen Marí­a. Es importante la meditación de una palabra del Evangelio y la intercesión por todas las intenciones.

D.r.a

Jun-2-09

Un Testimonio del Poder de la Oración

posted by hector

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Un misionero en vacaciones contó la siguiente historia cuando visitaba su Iglesia local en Michigan, EU.: ”Como misionero en un pequeño hospital en el área rural de Africa, cada dos semanas viajaba a la ciudad en bicicleta para comprar provisiones y medicamentos. El viaje era de dos días y debía atravesar la jungla. Debido a lo largo del viaje, me era necesario acampar en el punto medio, pasar la noche y reanudar mi viaje temprano al siguiente día. En uno de estos viajes, llegué a la ciudad donde planeaba retirar dinero del banco, comprar las medicinas y los víveres, y reanudar mi viaje de dos días de regreso al hospital.

Cuando llegué a la ciudad, observé a dos hombres peleándose, uno de los cuales estaba bastante herido. Le curé sus heridas y al mismo tiempo le hablé de Nuestro Señor Jesucristo. Después de esto, reanudé mi viaje de regreso al hospital. Esa noche acampé en el punto medio y a la mañana siguiente reanudé mi viaje y llegué al hospital sin ningún incidente.

Dos semanas mas tarde repetí mi viaje. Cuando llegué a la ciudad, se me acercó el hombre al cual yo había atendido en mi viaje anterior y me dijo que la vez pasada, cuando lo curaba, él se dio cuenta de que yo traía dinero y medicinas. El agregó: “Unos amigos y yo te seguimos en tu viaje mientras te adentrabas en la jungla, pues sabíamos que habrías de acampar. Planeábamos matarte y tomar tu dinero y medicinas. Pero en el momento que nos acercamos a tu campamento, pudimos ver que estabas protegido por 26 guardias bien armados”.

Ante esto no pude más que reir y le aseguré que yo siempre viajaba solo. El hombre insistió y agregó: “No señor, yo no fui la única persona que vio a los guardias armados, todos mis amigos también los vieron, y no solo eso sino que entre todos los contamos”.

En ese momento, uno de los hombres en la Iglesia se puso de pie y le pidió al misionero que por favor le dijera la fecha exacta de cuando sucedió ese hecho. El misionero les dijo la fecha y el mismo hombre le dijo la siguiente historia: “En la noche de tu incidente en Africa, era de mañana en esta parte del mundo, y yo me encontraba con unos amigos. Estábamos a punto de comenzar un juego de golf, cuando sentí una imperiosa necesidad de orar por ti, de hecho, el llamado que el Señor hacia era tan fuerte, que llamé a algunas personas de nuestra iglesia para que se reunieran conmigo lo mas pronto posible.” Entonces, dirigiéndose a la congregación dijo: “todos los hombres que vinieron en esa ocasión a orar, ¿podrían por favor ponerse de pie?”. Todos los hombres que habían acudido a orar por él se pusieron de pie, el misionero no estaba tan preocupado por saber quienes eran, mas bien se dedicó a contarlos . . . eran 26.

D.r.a

May-18-09

Rezas el Rosario ?

posted by Carlos
May-11-09

Pidamos A Dios por cese de Epidemia

posted by hector

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En la misa dominical de 12:00 horas en la Catedral Metropolitana y a diferencia de los otros dos fines de semana no se realizó en el atrio, aunque duró 30 minutos, omitiendo el saludo físico de la paz y la Sagrada Comunión se dio en la mano de los fieles.

La iglesia estuvo casi a su máxima capacidad, donde la mayoría de los fieles siguen las recomendaciones de la Secretaría de Salud, porque traían cubrebocas, así como las religiosas y los sacerdotes.

El arzobispo convocó a los feligreses a seguir atendiendo las recomendaciones de las autoridades de salud, no bajar la guardia y extremar sus precauciones, porque es una nueva epidemia que vino a quedarse con nosotros.

Consideró como positiva la decisión del gobernador Marcelo de los Santos Fraga de extender la suspensión de clases, por seguridad de los estudiantes, luego que se detectaron nuevos casos de influenza en menores de edad.

Monseñor Morales Reyes dijo que en estos días se deben redoblar los trabajos de limpieza en los planteles educativos, ya que son los lugares donde permanecen la mayor parte de su tiempo.

d.r.a