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Archive for the ‘Familia’ Category

Mar-8-10

El hijo de enmedio: El Sanduche

posted by antonella

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El siente que sólo recibe las migajas del cariño de sus padres, quienes vibran con los logros del primogénito y las gracias del hermano menor.

No hay padre que no se fascine con su primer hijo y su nacimiento echa a rodar un momento vital maravilloso, lleno de planes y sueños.

Pero la inexperiencia obvia de nunca antes haber ejercido como papá o mamá, hace que ambos actúen ansiosos, lo presionan para que hable y camine lo antes posible, inseguros –¿habré sido muy dura con él?, e impredecibles en su comportamiento, lo retan y al segundo siguiente lo abrazan.

Sí, frecuentemente se exagera con el primer hijo y éste carga con todas las expectativas familiares, asumiendo que debe cumplir bien su rol.

Por eso en general, los hijos mayores son responsables, meticulosos, sobre-exigidos y autoexigentes. Cada uno de sus logros es ampliamente celebrado y comentado.

En cambio los menores son queridos por ser lo que son: «benjamines». Las madres muchas veces confiesan tratarlos con actitud de «abuela». Es decir, lo regalonean y no le exigen. En efecto, cuando llega un hijo luego de varios otros, la mamá ya no está apurada en sacarle los pañales, en que hable o camine.

Sabe que eso ocurrirá de todas formas, porque ¡todos los niños hablan y caminan algún día! Así, con padres menos ansiosos y más consistentes, pues ya han aprendido, ese menor crece lleno de afecto y en un ambiente de libertad, sintiendo el amor incondicional de sus papás, seguro de sí mismo.

¿Y yo, el del medio?

En este contexto se inserta el hijo del medio, el sándwich.

Su realidad varía notoriamente de acuerdo a las circunstancias. Imaginémoslo en la peor situación: el hermano mayor es hombre, él es hombre también, y la que lo sigue es niñita. El mayor seguirá llamando más la atención del papá y los abuelos, y la mamá se volcará al más pequeño de la familia. El segundo entonces optará por competir con el mayor. Querrá jugar tenis como él y querrá superarlo, objetivo que difícilmente logrará, puesto que no tiene la madurez ni la edad para eso. Se sentirá disminuido porque siempre habrá otro que hará las cosas mejor que él. Por ejemplo, si quiere tomar el papel de hermano mayor respecto de los chicos tampoco le resultará con propiedad, ya que el mayor tiene ese rol por derecho propio.

Por otro lado, la actitud del niño del medio con el menor, será la de hacerse el bebé. Sin conseguirlo tampoco, pasará a ser el «catete» de la casa.

Envidia y celos

Pero en familias muy sobreprotectoras o muy ansiosas, ser el segundo puede constituir un alivio.

Mientras el mayor y el menor concentran expectativas y aprensiones, el del medio crece más libre y no está en el ojo avizor de los padres. Esto será bueno, siempre y cuando la actitud no sea percibida por el niño como abandono o falta de preocupación hacia él. Porque hay que tener presente que un niño es sándwich si no logra hacerse un espacio propio como individuo diferente a sus hermanos.

Cuando las familias resuelven mal esta situación el niño del medio derivará en actitudes de envidia y celos hacia sus hermanos. El mayor siempre será el exitoso y por eso el segundo tratará de desarrollar aquellas habilidades que le han dado triunfos a su hermano. Sus propios talentos los postergará, buscando asemejarse al mayor. Lo cual es grave, ya que querrá ser lo que él no es y en la vida se equivocará en elegir.

El asunto pasa a tener ribetes patológicos si ese hijo tiene problemas para relacionarse con sus hermanos y sus amigos del colegio. Es decir, si siempre se siente postergado y no aprende a compartir; si se siente incapaz de competir y de ganarse un espacio; si tiene problemas de adaptación y pasa «chupado» o se convierte en el payaso permanente del curso o de la casa con tal de llamar la atención.

¿Cómo resolverlo en familia?

- Otorgándole un afecto incondicional. Aún más si presenta algún problema de aprendizaje.

- Dedicándole tiempo. Así se lo conocerá y se lo podrá potenciar en sus talentos.

- Dándole alguna tarea específica en el hogar en la que se sienta cómodo. Con responsabilidades, el niño tendrá un lugar en su casa. Se sentirá participando e importante.

- Nunca sobrevalorar la capacidad afectiva del niño para arreglárselas solo. Si a un hijo de cinco años la mamá le dice: «Tú eres grande, puedes hacer solo la tarea mientras atiendo al bebé», es seguro que el niño no acepta bien esta situación. «Fulanito ya es grande y entiende» dicen los padres. Efectivamente «fulanito» entiende intelectualmente, lo que no significa que comprenda emocionalmente. Por eso es un error hacer crecer a los niños de golpe porque llegó otro hermano, sacarle los pañales o mandarlo al colegio.

Fuente: Iglesia.org

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¿Sabe lo que es eso?

Existen personas (generalmente mujeres jóvenes) que sufren de una condición que se llama anorexia nerviosa que presentan una percepción muy diferente de la que les devuelve el espejo: piensan que están muy gordas, cuando en realidad es que están muy delgadas.

Del mismo modo, existen personas (generalmente hombres) que piensan que no están lo suficientemente fornidos y pasan horas y horas en los gimnasios, desarrollando músculos y muchos de ellos tomando peligrosas sustancias anabólicas para hacer crecer más su musculatura.

Esto es o que se llama vigorexia, condición descrita en 1997 por Harrison Pope. Esta afección aún no está reconocida todavía por el Manual de Psiquiatría, pero existen evidencias de que es un trastorno del grupo de las obsesiones-compulsiones.

Sin darse cuenta están siendo idólatratas de sus propios cuerpos osea ofendiendo a Dios , créandose IDOLOS, en este caso sus propios cuerpos.

Los síntomas de la vigorexia son:

· Ir al gimnasio más de una vez por día ejercitándose más de una o dos horas por sesión.

· Hacer ejercicio absolutamente todos los días.

· Tener terror de engordar y por ello sigue haciendo ejercicios a pesar de sufrir lesiones musculares o tendinosas repetidas.

· Hacen del desarrollo de su musculatura el centro de su vida y por ello dejan a veces de ir al trabajo o la Universidad por ir al gimnasio.

De 10 millones de personas que van al gimnasio por lo menos un millón es vigorexica.

Si la misma pasión por la belleza del cuerpo, la pusiéramos por la belleza del alma y el desarrollo del espíritu otra canción entonaría nuestro corazón.

El Rey David clamaba por encontrarse con Dios cada mañana.

Lo más importante en nuestra vida no es lo de afuera es lo de adentro.

¿Ya hablaste con él hoy?

Señor, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti y esperaré. Salmo 5:3

Despierta, alma mía; despierta, salterio y arpa; Me levantaré de mañana. Salmo 57:8

Pero yo cantaré de tu poder, Y alabaré de mañana tu misericordia; Porque has sido mi amparo Y refugio en el día de mi angustia. Salmo 59:16

Fuente: renuevodeplenitud.com

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Una multitud de fieles se congregó este sábado 5 de diciembre en la puerta de la Gruta de Lourdes para caminar hasta la catedral de los Santos Pedro y Cecilia, junto a la imagen de la Virgen de Luján, en la 36° edición de la tradicional Marcha de la Esperanza que se realizó en Mar de Plata, Argentina.

Los miles de participantes, que llegaron a colmar 12 cuadras, marcharon bajo el lema «Madre, a tu corazón confiamos la causa por la vida» y fueron acompañados del Obispo de Mar de Plata, Mons. Juan Alberto Puiggari, quien presidió una Eucaristía al finalizar el concurrido evento.

Tras esta intensa marcha, el Prelado presidió una Misa con la que se inauguró el Año Diocesano de la Familia. En su homilía señaló: «es difícil agregar palabras a todo lo que hemos escuchado, orado, cantado, a todo lo que seguramente está en el corazón de cada uno de ustedes, por eso llenos de gratitud y alegría estamos culminando con esta Eucaristía. Esta Marcha, como todos los años ha sido una manifestación del amor de ustedes a nuestra Madre Santísima».

«Ante tantos signos de muerte, tantas victimas inocentes, tanto dolor, tanta violencia e injusticia no hemos reaccionado por el derrotismo o por el no te metás, por el contrario hemos querido comprometernos y por eso estamos acá, para ser discípulos de Aquel que es la vida y misioneros de esa vida plena que nos vino por María, con la seguridad de que le estamos ofreciendo a este mundo la salvación y la felicidad que tanto ansía» expresó.

El Prelado alentó a los fieles a trabajar en la familia «como salió del corazón de Dios, no como pretenden imponernos algunos hombres o la cultura de hoy».

Fuente: iglesia.org

Dic-2-09

Oraciones Familiares:Por la Paz en la familia

posted by fernando

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Señor, Dios nuestro,
tu nos has elegido
paras ser tus santos
y tus predilectos.
Revístenos de sentimientos
de misericordia
de bondad, de humildad,
de dulzura, de paciencia.

Ayúdanos a comprendernos mutuamente cuando tenemos algún motivo de queja
lo mismo que tú Señor,
nos has perdonado.

Sobre todo, danos esa caridad,
que es vínculo de perfección.
Que la paz de Cristo
brille en nuestros corazones.

Esa paz que debe reinar
en la unidad de
tu cuerpo místico.
Que todo cuando hagamos
en palabras o en obras
sea en nombre del Señor Jesús
por quien sean dadas las gracias
a ti Dios Padre y Señor Nuestro
Amén.

Dic-2-09

Cultivar la FE en la familia

posted by fernando

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Cada familia cristiana es una “comunidad de vida y de amor” que recibe la misión “de custodiar, revelar y comunicar el amor, como reflejo vivo y participación real del amor de Dios por la humanidad y del amor de Cristo Señor por la Iglesia su esposa” (Juan Pablo II, “Familiaris Consortio” n. 17). Es una comunidad que busca vivir según el Evangelio, que vibra con la Iglesia, que reza, que ama.

Para vivir el amor hace falta fundarlo todo en la experiencia de Cristo, en la vida de la Iglesia, en la fe y la esperanza que nos sostienen como católicos.

En estas líneas queremos reflexionar especialmente sobre la responsabilidad que tienen los padres en el cultivo de la fe en la propia familia. No sólo respecto de los hijos, sino como pareja, pueden ayudarse cada día a conocer, vivir y transmitir la fe que madura en el amor y lleva a la esperanza.

Entre los muchos caminos que existen para cultivar la fe en familia, nos fijamos ahora en los siguientes que nos pueden ser de mucha utilidad:

1. La oración en familia

La oración es para cualquier bautizado lo que es el aire para los seres humanos: algo imprescindible.

Aprender a rezar toca a todos: a los padres, en las distintas etapas de su maduración interior; a los hijos, desde pequeños y cuando poco a poco entran en el mundo de los adultos.

La oración en la vida familiar tiene diversas formas. El día inicia con breves oraciones por la mañana. Por ejemplo, los padres pueden levantar a sus hijos con una pequeña jaculatoria; o, después de asearse o antes del desayuno, todos rezan juntos una pequeña oración (el Padrenuestro, el Ave María, parte de un Salmo o del Magnificat, etc.).

Otras plegarias surgen de modo espontáneo, según las necesidades de cada día. La familia reza por el examen de selectividad, por la situación de la fábrica donde trabaja papá o mamá, por las lluvias, por el eterno descanso del abuelo…

La hora de comer permite un momento de gratitud y de unión en la familia. ¡Qué hermoso es ver que todos, junto a la mesa, rezan! Algunos hogares recitan el Padrenuestro; en otros, los padres y los hijos se turnan para dirigir una oración espontánea antes de tomar los alimentos.

Otro momento de oración consiste en el rezo del Ángelus (se puede rezar hasta tres veces en la jornada, o si se prefiere al menos a medio día) y del Rosario.

Para los niños (y para algunos adultos también), a veces el Rosario resulta un poco aburrido. Los padres pueden ayudar a los hijos a descubrir la belleza de esta sencilla oración, quizá enseñándoles a rezar primero un solo misterio, luego dos, etc., y explicando el sentido de esta hermosa plegaria dirigida a la Madre de Dios y Madre de la Iglesia.

Cuando llega la noche, la familia busca un momento para dar gracias por el día transcurrido, para pedir perdón por las posibles faltas, para suplicar la ayuda que necesitan los de casa y los de fuera, los cercanos y los lejanos. Es muy hermoso, en ese sentido, aprender a rezar por las víctimas de las guerras, por las personas que pasan hambre, por los que viven sin esperanza y sin Dios.

La oración constante ha permitido a la familia, chicos y grandes, descubrir que la jornada, desde que amanece hasta la hora de dormir, tiene sentido desde Dios y hacia Dios. Todo ello prepara a vivir a fondo los momentos más importantes para todo católico: los Sacramentos.

2.- Participar juntos del Sacramento de la Eucaristía .

La Eucaristía es el centro de la vida cristiana, también debe serlo en el hogar. La familia necesita descubrir la belleza del domingo, la maravilla de la Misa, la importancia de la escucha de la Palabra, la participación consciente y activa en los ritos.

Participar juntos, como familia, en la misa del domingo es una tradición que vale la pena conservar. También cuando los hijos son pequeños. Los padres pueden enseñarles, poco a poco, el sentido de cada rito, las posturas que hay que adoptar, el respeto que merece la Casa de Dios. Son cosas que luego quedan grabadas en los corazones para toda la vida.

3.- Vivir intensamente todos los miembros de la familia el sacramento de la Reconciliación (la confesión).
Los niños quedan muy impresionados cuando ven a sus padres pedir perdón, de rodillas, en un confesionario. No es correcto, desde luego, recurrir a presiones para que se confiesen. Pero sí es hermoso enseñarles lo que es el pecado, lo grande que es la misericordia divina, y cómo la Iglesia pide que nos confesemos con frecuencia.

4. Vivir el Evangelio en familia

Una fe sin obras, nos recuerda la Carta de Santiago, es estéril (cf. Sant 2,20). No entra en el Reino de los cielos el que dice “Señor, Señor”, sino el que cumple la Voluntad del Padre (cf. Mt 7,21).

La familia que reza, la familia que estudia su fe, también sabe vivir aquello que ha llevado a la oración, busca aplicar lo que ha conocido gracias a la bondad del Padre que nos ha hablado en su Hijo.

La mejor escuela para vivir como cristianos es la familia.
Para concretar un poco más cómo vivir evangélicamente, enumeremos algunos ámbitos en los que la familia se hace educadora en el arte de actuar como cristianos auténticos.

El primer ámbito, desde luego, es el de la propia familia. Vivir el Evangelio implica crear un clima en el hogar en el que se lleva a la práctica el principal mandamiento: la caridad. El amor debe ser el criterio para todo y para todos.

Aprenderán entonces a dar gracias, a ayudar al necesitado, a compartir sus objetos personales, a escuchar a quien desea hablar, a dar un consejo a quien tenga dudas (de matemáticas o de fe…).

No hay verdadera vida cristiana allí donde no hay abnegación. Hay vida cristiana allí donde cada uno renuncia al propio “yo”, cuando aprende a desapegarse de lo material para abrirse confiadamente a la providencia del Padre de los cielos (cf. el texto que ya citamos de Mt 6,24-34).

Aprender lo anterior resulta clave para lograr una familia auténticamente cristiana. ¿De qué manera puede conocer un hijo cómo se vive el Evangelio si ve en sus padres rencillas, malas palabras, afición por el dinero, críticas continuas a otros familiares o conocidos? Al revés, el hogar en el que Cristo ha entrado realmente en los corazones se convierte en un continuo testimonio de aquella caridad que nos plasmó el Espíritu Santo en 1Cor 13.

Un “capítulo” que resulta no fácil se refiere a modos de comportarse y de vestir, a diversiones, a objetos de uso. La sociedad crea necesidades y los hijos sienten una presión enorme que les hace desear lo que tienen otros y hacer lo que “todos hacen”.

El segundo ámbito para vivir evangélicamente surge cuando la familia se abre a los demás. Tratamos con personas muy distintas en las mil encrucijadas de la vida. El corazón que aprende a vivir como cristiano descubre en cada uno la presencia del Amor del Padre, el deseo de Cristo de acogerlo en el número de los amigos, la acción del Espíritu Santo que susurra en los corazones y que los guía hacia la Verdad completa.

Esta actitud se plasma en actos concretos, que van desde el “enseñar al que no sabe” (las obras de misericordia espirituales) hasta el “visitar y cuidar a los enfermos” (las obras de misericordia corporales).

Es muy hermoso, en ese sentido, descubrir a familias que se convierten en “misioneras”. Saben comunicar, con su testimonio y con palabras oportunas, que Dios ama a todos, que Cristo ofrece la Salvación, que la Iglesia es la barca regalada por Dios para acometer la travesía que nos lleva a la Patria eterna.

ORACIÓN:

“Padre Santo, los hijos que han nacido de nuestro amor existen porque Tú los amas desde toda la eternidad. Enséñanos a cuidarlos siempre con cariño exigente y con exigencia cariñosa. Danos luz y consejo para que podamos transmitirles las palabras de tu Hijo. Ayúdales a vivir según tu Amor. Protégelos de los peligros del mundo. Sobre todo, permítenos ser, como esposos y como padres, ejemplos limpios y alegres de tu bondad y de tu misericordia. Para que así, algún día, podamos cantar tu gloria, todos juntos, como familia, en el lugar que Cristo nos ha preparado en el cielo. Amén”.

Fuente: aciprensa.com